mayo 4, 2009 at 5:17 pm (General)

Él tiene la mirada de quien se sabe atento. Sus sentidos están en alerta permanente: nunca lo encontrarán disperso, fuera de sí. Su pelo obscuro es una maraña incontrolable, con un volumen que lo hace propicio de ser acariciado por una mano juguetona. No es difícil encontrar la perdición en sus ojos color miel: allí todo es posible. Sus pupilas te invitan a dar una vuelta en el mundo de las ideas, y su iris es capaz de bajarte a la realidad de un solo brillo. Sus manos, ¡mejor no hablemos de sus manos! ¡No hablemos de esa manera de hacer acrobacias mientras habla! ¡No digamos cómo esas manos llaman a caminar entrelazadas, ni cómo arden hipotéticamente en la piel donde están no-posadas! Mejor pensemos en sus hombros, discretos pero serios, ocultos por lo general por ropas anacrónicas, pero que se hacen ver cada vez que sonríe pícaramente. O mejor hablemos de su cintura, que a lo lejos parece haber sido moldeada para nuestros brazos, tan cerca pero tan lejos. O mejor hablemos de ese rasgo que tiene de brillar, de tener la palabra justa en el momento indicado, de ser preciso en tiempos de tormenta, de ser un salvavidas de anís.

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Back in… ¿black?

marzo 24, 2009 at 4:20 pm (General)

Vuelvo a las andanzas, sí señor. Este wordpress nació como una versión prosaica análoga a mi otro blog de poesía, como una especie de vía de escape a mi vía de escape habitual que es la poesía. Pero de un día para el otro, la poesía dejó de ser un escape viable a las presiones, tal vez por el hecho de que ya no soy una adolescente enojada con el mundo (y con los hombres).

Pero tengo decidido volver a las andanzas, indudablemente. La escritura siempre fue para mí una especie de catársis, una especie de grito cuando no existía interlocutor posible. Pero ya llegué a una etapa, más madura si se quiere, en la que la escritura puede ser algo completamente artificial, sin una gota de sentimiento. Lo cual, ante los ojos aterrorizados de mis anteriores maestros, es bastante lucrativo.

En fin, de a poco volveré a la práctica. Tanto mis dedos como mi cabeza están bastante oxidados por tanto tiempo de inactividad, por lo cual les pido paciencia y contención. No me resulta fácil, pero es necesario. Por lo menos aceptar que necesito volver al ruedo. Tengo muchísima materia prima, muchísima, pero tengo que reaprender a tallarla.

Los espero.

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sobre el poder

noviembre 2, 2008 at 7:52 pm (General)

Te encuentro en las hojas de primavera, aquellas rebeldes de su existencia, que caen cuando deberían florecer y florecen cuando todas las demás se despiden de su origen; aquellas que fuerzan las leyes de la naturaleza y de la física, y se desprenden de sus ramas y caen hacia el cielo, para perseguir a los barriletes y preguntarles el secreto de su habilidad voladora y eterna; aquellas que florecen en medio de la vida cobre que las rodea, y fuerzan sus colores brillantes para llamar la atención de los transeúntes, que una vez más se dicen a sí mismos que qué loco está el mundo por octava vez en el día.
Te encuentro en las gotas de lluvia que luchan por la permanencia en la cálida tarde de verano, cuando los pájaros deciden salir dudosamente de sus escondites, temerosos de que el Sol se haya complotado con la Lluvia y les esté engañando; pero las gotas saben que no son más que calumnias, ellas cayeron para no volver más, o tal vez sí, cuando su ciclo de vida se complete y vuelva una vez más a su colchón de agua, a formar parte una vez más de esa conjunción de pseudo-algodón feliz y radiante como ningún color salvo el purísimo blanco puede brillar.
Te encuentro en las suaves notas musicales que integran el silencioso ambiente de mi mente, cuando espero a que tus brazos rodeen mi cintura y me digas al oído todas esas palabras que nunca escuché y que siempre resonaron en secreto en mi cajita de música; y aún cuando no dices ese silencio tan esperado, te encuentro en la vida que le das a la melodía de mi voz: le cambias el timbre, el tono, las notas, toda una revolución musical a favor de la tiranía de tus besos, que impiden que mis labios expresen mi amor como corresponde.
Te encuentro, una y otra vez, en mis sueños, donde ninguna cara concuerda con la tuya, donde nada ni nadie es real, porque sos el espejo de todo lo que quiero en mi vida, dado vuelta, girándolo hacia la izquiera, y presionando el botón azul dos veces; todo eso es lo que sos, en mis sueños: la locura insania, traducida en blanco, el amor impiadoso e imperfecto, la tristeza jovial que me hace brillar como ningún otro dolor, la esperanza encontrada, el deseo real, la tormenta tan esperada para la cual yo haré de pararrayos: que tu relámpago voraz me atraviese y me convulsione, que me revuele la sangre y que me haga sentir estrellas púrpuras por doquier.

Te encuentro, y te veo, pero estás lejos. Ya nada nos separa – tan solo la certeza de que nada bueno ni nada malo saldrá. Mis deseos son mariposas, mi voluntad es un saltamonte. Lo único que me quebrará será la certeza de que nada es imposible, y para ese momento, yo ya no seré más que un puñado de estrellas, irradiando fuerza.

/Quiero/

[ Pero lo más importante ]
[.puedo.]

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razonable impulsibilidad

noviembre 2, 2008 at 7:43 pm (General)

ya no sé si el sentimiento es miedo a involucrarme o miedo a perderlo, ya no sé si me quiero alejar o quiero mimetizarme, simbiotizarme (si es que eso existe), adherirme, para no alejarme nunca más, y crear un puente mental que una mis pensamientos a los suyos más de lo que ya están, porque siempre hablamos al unísono, porque siempre coincidimos felizmente en lo que opinamos, y si hay algo que no concuerda, lo discutimos sanamente, porque poder escuchar y poder hablar es la base de cualquier cosa, ¿qué haría yo sin poder hablar?, no podría expresarme -más allá de que aún tengo la escritura, eso es algo que no tiene el mismo peso, no posee énfasis, no posee personalidad, no posee emociones, y yo soy un conjunto de emociones, una mezcla, una vorágine, un huracán; soy un volcán de sentimientos, miles y miles, que no puedo abarcar, y los expulso hacia todos lados, y todos se ven bañados en mis lágrimas y quemados por mi fuego y aturdidos por mi risa; pero no les molesta, no, porque me quieren, porque he cambiado, y ahora puedo imantar a las personas que realmente me hacen bien, ya no soy esa niña que buscaba constantemente problemas, y martirizarse, ahora atraigo a las personas positivas que me ayudan a crecer y a mejorar mi corazón; no me interesa que hagan madurar mi mente, con eso me bastan los libros y mi propia personalidad, pero lo que yo quiero es que rieguen mi corazón, y lo llenen de luz, y logren que madure, que crezca, que germine, para poder seguir repartiendo amor a la gente que me rodea, y tener un caudal suficiente para derrochar cariño y sonrisas y besos y sonrisas y felicidad y sonrisas, porque no es bueno quedarse corto de amor, siempre hay que tener mucho mucho de reserva, ¿qué haríamos sin el amor?, me pregunto, y me respondo: seríamos seres fríos, aburridos; aunque tal vez también seríamos perfectos y sublimes y civilizados y serios – no quiero un amor civilizado, quiero un amor que me revuele las ideas, un amor que consiga quitarme el sueño, quiero un amor que me de vuelta la cabeza y que me la vuelva a poner en su lugar, quiero sentir que mi sangre circula al revez, quiero dar mi vida por el amor, y al mismo tiempo darme cuenta de que no es necesario, porque mi amor es VIDA, quiero querer todo y a la vez nada, quiero sentir que me falta mucho y me sobra poco, pero que nada de lo que diga es importante, ya que el amor está dentro MÍO y no es necesario que lo invente, que no es necesario que lo avive, porque la fuerza que pongo para llevar a cabo mi amor cada día, es el combustible necesario para encender la llama que me pierde, que me consume poco a poco, que me convierte en cenizas; y porque ése amor, el mismo que me consume, es el que me hace renacer cada vez, una vez un poco más fuerte que la anterior, y así eternamente, hasta quién sabe cuándo; hasta siempre y hasta nunca, porque dadas las circunstancias es lo mismo: nada y todo; inabarcable por la inexistencia, e inabarcable por la grandeza: así es mi amor…

tómenme o déjenme.

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encuentro

noviembre 2, 2008 at 7:40 pm (General)

Hoy me crucé con la Maga. Ella estaba mirando atentamente el esfuerzo de una hormiga por llevar una hoja de casi dos centímetros a su hormiguero. Pensando que le haría un favor, levantó la hojita con ánimos de transportarla, pero la hormiga quedó adherida a ella y en el movimiento de ascender con la hoja, se soltó y cayó sobre el cordón de la vereda, para ser consecuentemente arrastrada por el agua.

Tenía una expresión triste cuando la vi. Digamos que ya era común encontrarla haciendo estas negligencias, ya sea dejando morir a una hormiga o a su propio hijo, por lo cual ni siquiera intenté consolarla. Me miró fijo, como intentando desdeñar si realmente era yo el que la miraba, si no era un espectro que venía a torturarla, o el simple efecto del alcohol al mediodía. Sabía que había buscando refugio en el alcohol una vez llegada a Montevideo, pero nunca habría pensado que tanto. No le dije nada, esperando que ella misma se hiciese creer que me tenía una vez más en enfrente. Podía reaccionar de muchas maneras. Me podía besar, me podía abofetear, me podía sonreir, o me podía dedicar su silencio. No sé cual habría sido peor.

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divina reencarnación

noviembre 2, 2008 at 7:37 pm (General)

Estábamos sentados en un bar en las cercanías de tu casa, disfrutando del aire libre, donde la nulidad de la abstracción del vacío nos resultaba irrelevante como su expresión misma.
Reíamos silencios y suspirábamos llantos de amor.
Unos hombres pasaron, varios ellos, y sus miradas, lascivas e irrespetuosas, se clavaron en mi cuerpo y en mis ingenuas medias de red. Pobres ignorantes, no notaron que mi belleza tenía tan solo una víctima: tus ojos.
Me obligaron a girar la cabeza hacia la pared, deseosa de que ese gesto de indiferencia los alejara. Notaste mi incomodidad, y festejaste orgulloso mis atributos.
Las cervezas fueron pasando, una tras otra, acompañadas por las pilas de cigarrillos sin vida que íbamos sepultando en esa fosa común de vidrio que sarcásticamente llamamos ceniceros.
Entre risas y comentarios pasaron por nuestros cabellos miles de años. Recuerdo que antes de parpadear, tu figura eclipsaba la luna, y luego de hacerlo, eras iluminado por el Sol, mi tocayo.
Primero se acercó el perro, y luego el hombre. Con el acento pausado y extrañamente cordial que provocara la marihuana, el hombre me pidió un cigarrillo. Se lo di al instante. Se quedó mirándome por varios inconclusos milenios, y con el cuerpo desgastado del el que está tanto tiempo inmóvil, te dice algo.
“Se parece a Nefertiti”.
Cuando el perro y el hombre habían desaparecido del mundo de nuestra cuadra, nos reímos de su ocurrencia. Yo teoricé que había querido compararme con Cleopatra, pero que su estado de decadencia neuronal se lo impedía.
Vos, simplemente me sonreíste y me dijiste que yo era la más bella de todas las mujeres del mundo, habidas y por haber.
Y te creí.

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certeza dudosa (o duda certificada)

noviembre 2, 2008 at 7:37 pm (General)

Y vienes y te apareces en cada momento como si fueras una sombra. Cuando menos lo espero, te acercas sigilosamente, y de un salto mortal me apuñalas. Nunca una herida mortal, no, no correrías el riesgo de quedarte sin bufón. Pero el ataque siempre es lo suficientemente profundo como para hacerme sangrar lágrimas de confusión. No hay mucho más que yo pueda hacer: tus ataques son esporádicos aunque precisos.

Y todo mi mundo se revuelve. Te acercas, y el hielo se derrite. Te alejas, y el fuego me consume. Pero nunca lo suficiente como para cambiarme. Me dejas en un eterno segundo dubitativo, donde cada milésima de tiempo bastaría para certificar algo: pero no, tu deseo más hermosamente sádico y macabro es mantenerme en este plano intermedio, entre la vida y la muerte. Seguridad y duda, ambas son maléficamente interesantes. Una me permite vivir en paz; la otra me permite soñar.

Pero vos… me dejás en el medio. Ni siquiera la certeza de la duda. No puedo dudar de vos, porque tampoco tengo de qué dudar. Te pido al menos tu nombre, algo que te pertenezca, para poder recordarte y saber que mis delirios irrelevantes no son tan efímeros.

Quiero gritarte, pero tampoco tengo la certeza de que tengas oídos. Quiero besarte, pero dudo de que tengas labios. Quisiera quererte, o a lo sumo odiarte, pero tu falta de moción existencial produce un vano sentimiento de indiferencia en mí. Quiero hacerte real a través de algo, pero ni siquiera tengo la consciencia de que existís.

¿Cómo luchar contra algo que no existe? ¿A qué me tengo que atener?

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(des)palabra(da)

noviembre 2, 2008 at 7:33 pm (General)

Nos inundamos de palabras, Elizabeth, nos inundamos. Queremos tomar aire, abrimos la boca, y lo único que entra son palabras, letras, vocales, consonantes asonantes, rimas inconclusas, prosas poéticas y versátiles. Queremos abrir los brazos, y se nos llena de significados, alevosos y incomprensibles, que nos miran y nos escupen a la cara, dándonos más cosas que aprender para pasar al próximo nivel.

Y es fácil, linda, la gente quiere palabras. Se escuda del lenguaje para exprimir sus ideas y tirarte en los ojos el ácido de su vida. La vida es un jugo de naranja, al final. Rico, pero traicionero. Después te quedan los labios paspados, todos rojos como una frutilla (ácida), y la gente se mofa porque piensa que tu novio te comió la boca de un beso y por eso tenés los labios asi, y a una le encantaría pensar que es por eso, pero en realidad los besos lo único que hacen es morder el corazoncito y hacer cosquillas en el estómago, nada más. Y uno querría decirles que no, que no fue por eso, pero nos embobamos tanto con el pensamiento, nos acordamos del novio, que perdemos toda habilidad de refutar.

Y cuando las palabras entran sin que les demos permiso, ay, ahí sí que se arma. Entran por la boca, se hinchan con nuestra saliva y nos atoran la garganta, nos impiden respirar. Queremos tragarlas, hacerlas pasar, pero no, se detienen ahí. El tiempo las desgasta y nos devuelve la respiración, pero igual se quedan ahí, atoradas a la campanilla, para que de vez en cuando recordemos que siguen ahi, que las tenemos dentro nuestro, y que su presencia nos haga toser. No, para qué, Lizzie, te conviene tomar el agua del olvido y terminar de bajar esas palabras. O vomitalas. Vomitá las palabras como vomitás tu alma todos los días.

Y no uses corrector, que ellos no saben nada de los verdaderos significados. Llo puedo ablar hací, y cigue ciendo lo mismo. ¿Ha kién le himporta ci llo hescrivo vien o mal? El verdadero significado se siente, se palpita, no se lee. Lo que yo quiero decirle a la gente, lo que quiero gritar en el vacío, no es entendible, es inteligible, es contradictorio, como yo misma. Entonces, no permitas que te censuren. No permitan que cambien tus palabras: porque tus palabras son tu sangre. Te agobian, te llenan el cuerpo, pero si te faltan te morís, te desangrás, te despalabrás.

Basta.

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(Giovanni Papini)

noviembre 1, 2008 at 10:10 pm (General)

¿Hay verdaderamente alguien que tiembla si acaricia despacio mi frente o si esconde su pequeña mano en mis cabellos? ¿Hay verdaderamente un rostro que enrojece cuando mi voz confiesa una involuntaria ternura ¿Hay acaso un pecho que suspira y se agita si lo acerco o lo estrecho por fuerza contra mi pecho, y unos labios que se vuelven cálidos y blandos si yo los toco con mis labios?

Piénsalo, ¡piénsalo bien! No me contestes en seguida. No me digas que todo es verdad y que yo no sueño, no tengas piedad de mí. Que nadie tenga piedad de mí. No permito a nadie que me consuele. Mis lágrimas son mías, son de mi propiedad, salen de mi corazón, bajan de mis ojos. ¿Por qué esta pequeña mano me acaricia lentamente para ser bañada por el llanto que es mío?

¿Es posible que alguien quiera arrebatarme una parte de mi dolor? ¿Es posible que alguien espere con impaciencia, ansiedad, observándome desde lejos con ojos claros, escuchando con la respiración contenida
mis pasos que se aproximan? ¿Es posible que mis palabras más indiferentes sean recordadas; que una mirada mía pueda producir alegría; una sonrisa mía, la promesa de la alegría; un gesto mío, la certeza de la alegría?

No me contestes todavía. No me digas que todo es posible, y que otras cosas además, que no conozco, son posibles. No podría creerlo, ¡no quiero creerlo! Piensa, pues, ¡piénsalo bien! Se trataría de un hecho tan maravilloso, tan increíble; tal vez nuevo, tal vez único. ¡Piénsalo, pues, por un momento, en lo que significaría si fuese cierto!

Otro ser –un ser distinto de mí, no conocido antes por mí– vive solamente para mí, piensa con mi pensamiento, siente con mis sentidos, se atormenta con mis suplicios, goza con mis alegrías, acerca su cuerpo a mi cuerpo, penetra en mi alma con su alma y me ofrece todo lo que posee y todo lo que tendrá y todo lo que yo pueda darle.

¿Tú crees que eso puede ser verdad, aunque sea por un momento? Yo recuerdo, sí, haber apoyado mi cabeza en su hombro, haber estrechado juntas sus frágiles manos llenas de venas, haber besado varias veces su boca y haber escuchado durante horas enteras la suavísima música de su aliento; pero todo esto, ¿qué demuestra? ¿Era verdaderamente yo misma, en persona, en aquellos momentos? Y él, ¿quiso decir verdaderamente lo que yo quise entender en la inconsciencia de la efímera felicidad?

No sonrías, no menees la cabeza, no contestes ni siquiera sí, te lo ruego. Tú sabes perfectamente que todo eso es una ligera tela de imaginaciones tejida por las manos blancas del ocio.

¿Por qué debería ser cierta para mí una cosa tan imposible? ¿Qué he hecho para tener el derecho de recibir en don una vida? ¿Qué soy, sino una pobre poeta vergonzosa que esconde sus torturas, igual que una mujer avara esconde sus collares? ¿Qué soy, sino una trágica peregrina, orgullosa de su gran capa, pero que no sabe encontrar su casa y su cama?

¿Acaso he realizado algo grande? ¿He dicho una palabra que los hombres no hayan olvidado? ¿He hecho olvidar a los hombres una sola de sus penas?

¡Si supieras cuánto me desprecio y qué desesperado disgusto tengo por mi alma! Cuando los otros me creen soberbia, orgullosa, satisfecha, yo estoy pensando en cómo hacer menos despreciable mi vida, menos desagradable mi alma. De una sola cosa siento a veces soberbia: del sincero y profundo desprecio
que tengo por mí misma.

¿Qué hay, pues, en mí que pueda hacerme amable? ¿Qué encuentras en mi alma insatisfecha, y sin embargo vil, que pueda darme el derecho de hacer sufrir a tu alma? ¿Qué puede interesarte de mis alegrías olvidadas, de mis sueños siempre derrotados, de mis voluntades impotentes, de los recuerdos que yo misma temo ver reaparecer?

No es posible, no, que alguien me ame. No quiero que alguien viva por mí. No puedo amar y no quiero ser amada. Dejadme tranquila. Dejadme sola. No quiero sentir nada, no quiero ver a nadie. No sé qué hacer con vuestras caras sentimentales y vuestras frases punteadas de suspiros. ¿No sabéis lo voluptuosa que es la soledad voluntaria? ¡Qué dulzura en el alma que ya no quiere esperar!

¿Todavía estás aquí? ¿No te había echado sin mirarte? ¿Por qué me miras como si no quisieras ver otra cosa que mis ojos? No abras la boca. No respires demasiado fuerte. Tu mano es dulce, lo sé. Tu mano es fuerte, lo sé. Pero, ¿por qué te aproximas tanto? ¿Por qué tu corazón se estremece de repente? No me mires así, no me aprietes tan fuerte la mano. Bien sabes que yo te amo y que no quiero amarte…

¡Pero bésame, pues! ¿No notas que ya no sé resistir? No me digas que sí. ¡Bésame más! Bésame en los ojos. Ciérralos con tus labios y que yo no vea nada, que no sepa nada, y solamente sienta tu corazón que late –tu corazón apresurado, furioso, frenético–, tu pequeño corazón que late y que late para mí.

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un poco de lo otro

junio 6, 2008 at 11:59 pm (General) ()

Las uñas se me rompen y lo único que busco es que las veas crecer, para sacarte con ellas el brillo de tus párpados. Las cámaras de fotos -tus ojos bicoloridos- me carcomen la piel; ¿cuántas veces te dije que mi belleza se gasta con cada halago violentado en tus labios?

./callate/.

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