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Marzo 20, 2008 at 2:25 pm (General) (, , , )

Puán 470. Solía ser una fábrica, o un galpón; esos son los chismes que circulan para los recién llegados como yo. A menos que vivas cerca, o tengas un bondi exquisitamente exacto, el 80% de los estudiantes nos bajamos en Av. Rivadavia y Puán y empezamos a caminar las 4 cuadras que nos faltan. La primera impresión siempre es cualunque, “es una cortada, callecita de barrio, acá no puede estar filo”. Uno se acostumbra a los pabellones intimidantes de Ciudad Universitaria (donde yo personalmente cursé el cbc) o a las edificaciones inabarcables con la mirada de Facultad de Medicina o la de Ciencias Económicas. Y empezás a caminar esas callecitas de barrio, arboladas, casas en todos lados. Es ese barrio en el que uno vive, no en el que uno estudia y se relaciona con el mundo a través de fotocopias, trabajos, apuntes, centros de estudiantes y olor a cigarrillo.

Pero esa primera impresión miente como cualquier otra. Ya a la altura 200 y pico empezás a ver librerías y bares con nombres alusivos, como “Platón”, “Sócrates”, o uno un poco más obvio “El Bar del Filósofo”. Y la ficha te empieza a caer. Y si, era obvio. Ya al 300 y pico te vas resignando, tu primera impresión falló, cosa que se confirma cuando cruzás hacia la vereda del 400, y una muchedumbre de carteles políticos invaden de a poco (o mucho) las paredes de la ex fabrica o del ex galpón.

Caminás varios metros con los carteles a tu izquierda (si venias desde rivadavia) hasta encontrar la puerta de la facultad. Hay una puerta grande, como de un garage, y una pequeña a la derecha, que te transporta a la dictadura militar y a los viejos relatos de los padres, y te imaginás entrando a los miles de estudiantes de filo por esa puerta de no más de un metro veinte de ancho. Entrás al patio principal, y te encontrás con el gobierno invasor de los afiches politicos. A decir verdad, funcionan inversamente proporcional a su objetivo: a los dos minutos de estar parado ahi, con cara de autista y sin entender una goma, tus ojos asimilan el verde y amarillo, y el blanco y rojo de los dos partidos mas masivos (cuyos nombres no diré, pero que cualquier universitario reconoce), y llega un momento en que uno considera esos colores como parte de la decoración (muy barroca, por cierto) de las paredes de filo.

Y acá estamos, entonces. Esto era Puán. De acá salen entonces los intelectuales progres, los locos no-tan-bajitos, los creadores de los libros de textos, los militantes utópicos. Y de acá también salen no pocos con sus deseos frustrados de hacer una carrera fácil. Porque el imaginario mediocre popular te dice que leer es fácil. Cualquiera sabe leer, y si leés yastá, te metiste el titulo en el bolsillo. El problema es que mucha gente no se da cuenta de que son los libros los que se comen a uno, no al revés, y los muy hijoeputas (los libros) tienen un paladar muy fino. A decir verdad, la UBA en general te come crudo, solamente es cuestión de saber discernir entre lo picante y lo suave, entre lo putrefacto y lo sano. Y en filo hay muchos aspirantes a hippies, muchos activistas, muchos no-se-qué-estudiar-por-eso-me-meto-en-letras-porque-me-gusta-leer, o el no-se-que-estudiar-y-me-meto-en-artes-porque-quiero-ser-musico. O peor, el que quiere ser “artista”.

Ese prototipo, que es dificil de encontrar en los menores de 20 años, y muy facil de encontrar en los mayores, es el más molesto. Lamentablemente la carrera de letras (y no solamente en esa, pero como es la mía puedo hablar con propiedad) está repleta en su mayor parte de mujeres que quieren ser “artistas”, pensando que la carrera te hace escritor. Es injusto, pero en muchos casos la gente que va a estudiar esa carrera ya es escritor, o al menos tiene el potencial. Leer y escribir van de la mano. Leer te enseña a escribir, y escribir te fomenta a leer.

Y para llegar a eso en la carrera, puf, miles de materias en el medio. Las primeras dos materias, gramática y teoría y análisis literario, son claves. No solamente porque son troncales y correlativas con el resto de la carrera (también está lingüística, pero al mismo tiempo es correlativa con gramática), sino porque desmenuzan el lenguaje desde lo más básico y primario. Para dar un ejemplo conciso, sin aburrirlos, comentaré qué vimos en la primer clase. Estuvimos casi 2 horas desglosando la fonética de los lenguajes en general, trabajando con el Alfabeto Fonético Internacional, para poder alcanzar el sonido básico y primario con el que se forman las lenguas.

En resumen, un tema emboladísimo y aburridísimo para todo el mundo, salvo a los freaks que verdaderamente disfrutan de esto y que somos los que realmente elegimos la carrera por lo que es, y no por lo que en potencialmente nos puede convertir.

Supongo que con el paso del tiempo dejaré de ver a las chicas top a medida que las materias se vuelvan más “embolantes” para ellos y finalmente se den cuenta que su futuro está en el diseño de indumentaria o en la administración de empresas, y nos dejen la literatura a nosotros los ratoncitos de biblioteca.

1 comentario

  1. gastonbrc dijo:

    Abril 14, 2008 en 4:37 am

    Muy interesante el relato de la primer llegada a la facultad. Y el “Bar del Filósofo”.

    Con respecto a lo de la carrera, suele suceder en todos los ámbitos que hay gente que está ahí porque cree que la carrera “lo va a convertir en escritor” o creencias afines, que llevan a que dejen la carrera en poco tiempo.

    Por eso después solo quedan los mejores. Por suerte.

    Me hiciste acordar que tengo que aprenderme los phonems para el parcial :P

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