Gazapos, ¿yo? (Carolina Meneses Columbié)
De gazapos está lleno el lenguaje y no me vengas a decir que tú no los cometes, si te pones a pensar que la vigésimo segunda edición del Diccionario de la Real Academia Española, del año 2001, contiene más de ochenta y siete mil voces, que de ellas utilizamos, con suerte, menos del cincuenta por ciento y que muchas veces las utilizamos mal porque nunca nos dimos el trabajo de consultarlas, podrás imaginar cuántos gazapos cometemos a la semana. Si lo hacemos al hablar es grave, pero no tanto si nuestro interlocutor no lo captó, sea por ignorancia, por sordera o por distracción. Lo vergonzoso es cuando los cometemos al escribir y éstos llegan a mucha gente, y como lo escrito, escrito queda, te aseguro que más de un lector se dará cuenta, ¿o no te ha pasado que al leer el diario te espanta la cantidad de gazapos que encuentras a lo largo de sus páginas?
Para esta edición me puse a investigar los gazapos más comunes en los que incurrimos, las sorpresas con las que me topé fueron muchas. Allí van.
No hables de “ausentismo laboral”, sino de “absentismo laboral”. No confundas “administrar” con “suministrar” ni “alegar” con “argumentar”. Un “agnóstico” no es un “ateo” y nunca vayas para “alante” o “palante”, ve siempre hacia “adelante” o “para adelante”. No existen las estaciones “aéreoespaciales”, sino las “aeroespaciales”, un “inmoral” no es lo mismo que un “amoral” y la cabeza del pelado de la esquina no es “brillosa” sino “brillante”. No es obligatorio portar el “carnet” de identidad, pero sí el “carné” de identidad, el primero es la forma francesa y la RAE sólo acepta la segunda.
No es la “cotidianeidad” la que te abruma, échale la culpa a la ”cotidianidad”. No te pongas jamás “delante mío” ni yo “delante tuyo”, te dejo en cambio “delante de mí” si tú me dejas otras veces “delante de ti”. Dudo mucho que en invierno te “engripes”, sí creo que puedas “contraer una gripe”. No me digas que soy una “enquencle”, pero cuando salgo de mi casa sin desayunar sí que soy una completa “enclenque”. Nunca en tu vida conociste a un “gestionador”, sí a más de un “gestor”. Nunca le antepongas la “a” a “grosso modo”: por algo te estoy hablando, “grosso modo”, de los gazapos que no cometemos los “hispanoparlantes” sino los “hispanohablantes”. Y uno que con frecuencia encuentro en el diario: “intermediación”, que por lo demás no existe ni existirá, es más aconsejable usar solamente “mediación”.
No te aconsejo que vayas a la “kermese” del colegio de tus hijos, pero no faltes a la “kermés”. El superlativo de “libre” no es “librísimo”, sino “libérrimo”. En este mundo no hay magnitudes “medibles”, en cambio sí que existen las “mensurables”, y ¿no te parece bellísimo el significado de su antónimo: “inconmensurable”? Tampoco existe la “metereología” , mejor háblame de la “meteorología”; ni lo “monopólico” sino lo “monopolizador” o lo “monopolístico”. Y no es que a la RAE no le guste “musicalizar” el idioma, simplemente no admite este verbo, hablemos mejor de “poner música” a nuestro idioma. Tampoco admite la palabra “objetable”, así que mejor reemplázala por “discutible” o “censurable”. No existe lo “perfeccionable” sino lo “perfectible”. Y aunque te parezca raro los “portaviones” son en realidad “portaaviones”, con doble “a”. La “radioactividad” no es la peligrosa, pero por favor, cuídate de la “radiactividad”. Nunca hagas “reforzamiento”, mejor elige el “refuerzo”. Es mejor que vayas abandonando el “reservorio” y te busques un “depósito”, y que dejes lo “riesgoso” por lo “arriesgado”. Créeme cuando te digo que nada te puede “traumar”, pero cuídate de todo lo que te pueda “traumatizar”.
Y los últimos que no puedo no mencionar: El adjetivo “sendos” expresa idea de distribución, no lo confundas con el significado de “ambos”. ¿Y sabías tú que “ubérrimo” es el superlativo irregular de “fértil”? Recuerda que en el idioma lo que es masculino es masculino y lo que es femenino así se queda, jamás digas “la calor”, el género de este sustantivo es siempre, siempre, masculino, “el calor”. Si me desmayo yo no “vuelvo en sí”, sino que “vuelvo en mí”, y no te pongas “entre medio”, quedarás mucho mejor si te pones “en medio”. “Por mientras” jamás, siempre “mientras tanto”.
Los mencionados son nada más que un grupito de gazapos que pesqué a manera de muestra en un mar casi “inconmensurable”, como te dije, los más comunes.
Por último, no dejes de recordar el viejo aforismo “en la duda abstente” y consulta fuentes confiables. Para escribir este artículo consulté el Diccionario de Dificultades de la Lengua Española , de la editorial Santillana; la página de la RAE, que tiene un módulo de consultas en línea fabuloso, hoy les preguntas y mañana recibes la respuesta; el sitio web WordReference.com, en el que también puedes consultar palabras en otros idiomas; y, por supuesto, algunos apuntes de mi Taller Literario.
Ah, y si se me fue algún gazapo, dímelo.
Extraído de Boletin Omnia Pro Litteram, Edición nº3.
cristian dijo:
Enero 26, 2008 en 2:18 pm
buenisimo